Pedir cita

Servicio

Reeducación postural

Hay un momento en el que la camilla ya ha hecho su parte. La zona duele menos, el cuerpo se mueve de otra manera y aparece la pregunta que importa fuera de consulta:

¿qué pasa cuando vuelves a trabajar, entrenar o coger peso?

La reeducación postural es la parte activa del proceso. Elegimos pocos ejercicios, los aprendemos juntos y los usamos para aquello que de verdad haces durante el día.

Tu postura no tiene que quedarse quieta

No existe una posición perfecta que debas mantener desde que te levantas hasta que te acuestas.

El cuerpo necesita sentarse y levantarse. Tiene que girar, inclinarse o respirar mientras carga peso. El problema aparece cuando un gesto encuentra siempre el mismo freno o deja casi todo el movimiento en una zona que acaba protestando.

Ahí trabajamos. No para convertirte en una estatua bien colocada, sino para que ese movimiento deje de ser una negociación cada vez que lo haces.

Cuándo entra la reeducación

Puede formar parte del proceso cuando el dolor vuelve, existe miedo a un movimiento o la movilidad recuperada sobre la camilla todavía no aparece en tu vida diaria.

También tiene sentido cuando quieres retomar una actividad poco a poco y necesitas saber cuánto puedes pedirle ahora a esa zona.

La actividad y el ejercicio forman parte de las recomendaciones actuales para el dolor lumbar crónico primario. Se utilizan dentro de un abordaje adaptado a la persona, no como una receta idéntica para todo el mundo.[1]

No todas las personas que vienen a consulta necesitan pasar por esta fase. Si el trabajo manual resuelve lo que había que resolver y vuelves a moverte con normalidad, no hace falta fabricar deberes.

Primero lo vemos en consulta

Un vídeo enseña cómo hace el ejercicio la persona del vídeo. Sobre ti sabe bastante poco.

En consulta vemos cómo apoyas, qué hace la pelvis y cuánto movimiento toma la columna. La respiración entra cuando cambia el gesto; también observamos dónde aparece rigidez o qué parte estás evitando.

Después probamos el ejercicio. Ajustamos la posición o la carga hasta que el gesto resulte claro y puedas repetirlo sin convertir el movimiento en un examen.

Pocos ejercicios, pero tuyos

No entrego una tabla universal con doce casillas para marcar.

Quizá necesitas practicar cómo inclinarte para coger peso sin dejar toda la tarea a la lumbar. Otra persona tendrá que recuperar un giro cervical o volver a cargar una pierna que lleva semanas esquivando.

Elegimos lo que corresponde a ese momento. Si dos ejercicios hacen el trabajo, no añado seis para que el papel parezca más serio.

Lo que haces fuera de consulta manda bastante

No necesita el mismo trabajo alguien que conduce todo el día que quien entrena fuerza. Tocar un instrumento también exige una mecánica distinta; estar ocho horas de pie plantea otro reparto de carga.

Por eso hablamos de tu día. Un ejercicio tiene que caber en él y acercarte a algo concreto: volver a correr, trabajar con menos miedo o agacharte sin preparar una ceremonia antes.

Los ejercicios cambian

Cuando esa práctica empieza a funcionar en tu día, revisamos qué necesitas después.

La misma rutina durante seis meses suele contar más sobre la rutina que sobre tu evolución.

Cuando un gesto ya no cuesta, avanzamos. Podemos añadir carga, cambiar el apoyo o acercarlo a la actividad que quieres recuperar. Si aparece una dificultad nueva, volvemos a mirar la mecánica antes de decidir el siguiente paso.

El cambio responde a lo que ya puedes hacer y a lo que todavía cuesta.

Qué buscamos

Que el cambio no dependa únicamente de lo que ocurre mientras estás tumbado.

Lo que hemos ganado sobre la camilla necesita aparecer cuando vuelves a tu vida, con la carga y el ritmo que esa vida tenga.

Para profundizar

Referencias que desarrollan los puntos tratados.

  1. World Health Organization. WHO guideline for non-surgical management of chronic primary low back pain in adults in primary and community care settings. 2023. Consultar guía · Ver fuente

Ekonatura

¿Qué te gustaría encontrar?

En este artículo

Información

Esta información explica relaciones entre movimiento, respiración, digestión y sensibilidad corporal desde la anatomía, la fisiología y la experiencia profesional en consulta. En osteopatía, una disfunción describe una alteración en cómo una zona se mueve, responde o se relaciona con el conjunto; no es, por sí sola, una enfermedad, una lesión ni un diagnóstico médico. La valoración individual sirve para entender qué ocurre en tu caso y qué tiene sentido trabajar. Cuando hace falta, este trabajo se coordina con la atención del profesional sanitario correspondiente.